noviembre 01, 2007

Perón y Los Sindicatos

La política seguida por el coronel Perón con respecto a los sindicatos fue muy flexible y utilizando tanto el hostigamiento como la atracción frente a las organizaciones y los dirigentes. Aquellos gremios que se oponían a sus intereses podían ser desconocidos o cancelada su personería gremial; también podían ser disueltos o suprimidos, la estrategia empleada variaba de acuerdo al clima político, las orientaciones ideológicas, el grado de amenaza política, etc. De cualquier modo, ningún gremio que no mostrase su disposición a colaborar podía obtener alguna mejora para sus afiliados en los conflictos laborales, en la legislación, en los servicios sociales, etc. También las oportunidades de éxito de un dirigente gremial para lograr mejores condiciones para los trabajadores dependían de sus actitudes: ideológicas, personales y de organización. La flexibilidad podía convertirse en marginación y hostilidad: Luis Gay y Cipriano Reyes son ejemplos de esta actitud. Pero si bien la masa obrera perdió su autonomía en la cúspide durante la época peronista, debe reconocerse que continuó ejerciendo una importante presión a nivel de base, presión que a veces impuso limitaciones y condiciones a la conducción de la C.G.T. Además, se estableció un gran número de gremios nuevos: en 1941 había 356; y en 1945 éstos llegaban a 969. En gran medida este incremento respondía a la aparición de gremios paralelos creados, con el apoyo oficial, para sustituir aquellos que rechazaban o se oponían a la política de Perón, en tanto otros representaban nuevas ramas de actividad a otras previamente no agremiadas. No siempre, pero a menudo, los nuevos gremios eran poco más que organizaciones sobre el papel. Sin embargo, sirvieron a un propósito importante: el de establecer una red de organización entre el movimiento obrero, difundir los resultados de la política laboral de Perón y en especial estimular el contacto directo –en manifestaciones masivas- con el líder, como también aumentar el número de personas favorables a Perón en el Comité Central Confederado, en la Asamblea General y otros órganos de la Confederación General del trabajo. Este proceso fue fundamental en la configuración de la relación directa entre los recién llegados y el líder carismático. Los gremios que adhirieron al estilo político peronista sólo fueron instrumentos en este proceso y proporcionaron el marco administrativo y legal para los convenios colectivos. Más importante de todo, proporcionaron el clima necesario para facilitar los lazos personales de Perón con los dirigentes a través de visitas a plantas y sindicatos, así como también los frecuentes actos masivos en los cuales el coronel Perón presentaba las concesiones oficiales como conquistas obreras. En efecto, este procedimiento junto con una utilización de los medios de comunicación de masas, especialmente la radio, fue uno de los factores centrales para erigir la figura de Juan D. Perón, como el abanderado de los pobres, el único que comprendía y protegía a los trabajadores, los "humildes", término que claramente revelaba la imagen dicotómica todavía tradicional de la estratificación, basada en la antinomia entre ricos y pobres. El acceso a grandes masas obreras fue efectivamente una de las metas fundamentales de la estrategia de Perón, como lo reconocieron más tarde ciertos sindicalistas que pensaron que esta relación era un precio exiguo para compensar los beneficios logrados por los sindicatos. En gran medida, para los obreros no agremiados significó que sus victorias lograban a través del esfuerzo personal del líder. Los centenares de disposiciones, resoluciones y dictámenes emitidos por el organismo entre 1943 y 1946, contenía ya todas las figuras jurídicas y los principios básicos de la política social peronista: la mayoría de ellas persigue dos objetivos básicos: la valorización social de los trabajadores, su reconocimiento como miembros de la comunidad nacional, con todos los derechos que ello implica, y la mejora de sus condiciones económicas. Quizá entonces, el máximo mérito del coronel Perón consistió en sacar de su aislamiento social y político al gobierno militar a través del cual llegó al poder y en haber concretado sus planes políticos con el apoyo popular, y no contra la voluntad de éste. Mediante el apoyo de los estratos populares, los cuales por primera vez en la historia del país, eran tenidos en consideración y favorecidos por los dirigentes políticos. El gobierno los instaba a presentar sus exigencias y sus quejas, y representaba sus intereses ante los restantes grupos sociales. El éxito de los pocos sindicatos que respondieron inicialmente a esta invitación ejerció rápido efecto sobre las restantes organizaciones laborales. Provocó un paulatino cambio de actitud del movimiento obrero respecto del Estado, hizo que olvidara su escepticismo ante la política y los políticos y, este incremento del interés popular en el proceso político creó una mayor disposición a intervenir en forma activa en este proceso. El movimiento obrero fue el sector social más numeroso de los que apoyaron a Perón; pero además de él, hubo muchos otros sectores sociales y políticos que proporcionaron a Perón su respaldo. Entre estos últimos cabe señalar sobre todo, aquellos sectores de los estratos medios, interesados en el desarrollo de una industria nacional independiente, así como algunos grupos de gran influencia dentro de la burocracia estatal, del clero y de las fuerzas armadas. Si tenemos en cuenta la actitud de rechazo con la cual la elite tradicional había acogido las tentativas de integración de los sectores populares, entre 1930 y 1943, y la comparamos con la plétora de reformas sociales que mejoraron en forma decisiva el status social y la situación económica de los obreros en un plazo de apenas dos años, comprenderemos que la toma de posición de los obreros respecto del coronel Perón estuvo en un todo de acuerdo con la apreciación política del Secretario de Trabajo y Previsión. En los círculos de la elite tradicional la política social de Perón era contemplada como un injustificado recorte de sus bienes y posición social. De todos modos, cualquier ataque contra esa política, tenía escasas posibilidades de éxito mientras las fuerzas armadas respaldaran al gobierno y el prestigio de la Secretaría de Trabajo y Previsión continuará en aumento entre el pueblo. Pero al constituirse una oposición, en el año 1945, la elite vio la posibilidad de intervenir a través de las organizaciones empresariales, en forma más activa en la confrontación política, presentando sus intereses particulares como problemas de interés general. Hacia mediados del año 1945, las organizaciones empresariales se dirigieron a la opinión pública en un manifiesto, en el cual criticaban la política social emprendida por el gobierno y exigían la revisión de todas las disposiciones legales. La respuesta del movimiento obrero no se hizo esperar, los sindicatos rápidamente comunicaron su apoyo al gobierno. Lo que hay que destacar principalmente de la relación de Peròn con los obreros es que nunca como en esta etapa peronista, el movimiento obrero estuvo tan asociado a un gobierno. Estos beneficios ganaron para el peronismo la gratitud popular, que persistió durante varias décadas.

“…Por esa razón, es necesario que todos los trabajadores argentinos sean, permanentemente, difusores de nuestra doctrina. Que sean ellos los millones de verdaderos predicadores que la Patria necesita para elaborar su triunfo final…” Juan Domingo Perón.